sábado, 3 de marzo de 2018

RITUALES PARA SALIR DE LA NOCHE

La mano ubbidisce all'intelletto, Carlo Maria Mariani


Los escalones para subir son treinta y seis, de piedra, y el anciano los sube despacio, circunspecto, casi como si fuera recogiéndolos uno a uno para conducirlos hasta el primer piso: él es un pastor; ellos, sus tranquilos animales. Modesto es su nombre. Sirve en esa casa desde hace cincuenta y nueve años; es, por tanto, su sacerdote.

Al llegar al último escalón se detiene frente al amplio pasillo que se prolonga sin sorpresas ante su mirada:  a la derecha, las habitaciones cerradas de los Señores, cinco; a la izquierda, siete ventanas, cerradas con postigos de madera lacada.

Es justo el amanecer.

El anciano se detiene porque tiene una enumeración personal que debe actualizar. Lleva la cuenta de las mañanas que ha inaugurado en esa casa, siempre de la misma manera. Así que añade otra unidad que se pierde entre los millares. La cuenta es vertiginosa, pero no está preocupado: oficiar desde siempre el mismo ritual matutino le parece coherente con su trabajo, respetuoso con sus inclinaciones y típico de su destino,

Después de pasar la palma de las manos sobre la tela planchada de los pantalones en los costados, a la altura de los muslos adelanta la cabeza casi imperceptiblemente y pone en movimiento de nuevo sus pasos. Ignora las puertas de los Señores, pero al llegar a la primera ventana, a la izquierda, se detiene para abrir los postigos. Lo hace con gestos suaves y exactos. Lo repite en cada ventana, siete veces. Sólo entonces se vuelve, para juzgar la luz del amanecer que entra en haces a través de los cristales: se sabe todos los matices posibles y por su naturaleza sabe cómo será el día: puede deducir, a veces, borrosas promesas. Dado que van a fiarse de él todo el mundo, es importante la opinión que se forme.

Sol velado, suave brisa, decide. Así será.

Entonces recorre de regreso el pasillo, esta vez dedicándose a la pared antes ignorada. Abre las puertas de los Señores, una tras otra, y en voz alta anuncia el comienzo del día con una frase que repite cinco veces sin modificar ni el timbre ni la inflexión.

Buenos días. Sol velado, suave brisa.

La Esposa joven, Alessandro Baricco

6 comentarios:

Mi Álter Ego dijo...

Yo soy muy de rituales. Me llaman maniática pero son mi zona de confort. Me gustan las cosas que puedo controlar. Besotes!!

Juan Antonio B. dijo...

Me gustaría poder decir otra cosa, pero me temo que me sucede lo mismo. Lo de la familia de la novela de Baricco ya posee dimensiones mitológicas. Lo mío es más de andar por casa.

Gracias, MAE.

Eva Loureiro Vilarelhe dijo...

Yo también creo que son importantes, Juan Antonio, quizás hay quien no lo vea así, pero seguro que porque los tiene tan asimilados como Modesto los matices de la luz, y por eso no los identifican como tales. Asimismo es cierto que coincido contigo, los míos son más de andar por casa ;)
Gracias por compartir estas pequeñas joyas, tal vez este sea otro de tus rituales, porque lo haces la mar de bien :)
Un beso de amenecer brisado.

Juan Antonio B. dijo...

Muchas gracias por tu amabilidad, querida Eva. Es un placer, como lo es leer tus comentarios.

Besos tras la tempestad.

Ana Palacios dijo...

Buenas tardes,Juan Antonio.
Es la primera vez que entro a tu blog y he de decir que lo que acabo de leer es, como bien dice Eva, una joya. Volveré a visitarte. Saludos.

Juan Antonio B. dijo...

Muchas gracias, Ana. Encantado con tu visita.

Un abrazo.