viernes, 4 de mayo de 2018

DE LA INEXISTENCIA DE CIERTOS CABALLEROS Y OTRAS PERPLEJIDADES

Italo Calvino

Yo, la que cuento esta historia, soy sor Teodora, religiosa de la orden de San Columbiano. Escribo en el convento, deduciendo de viejos papeles, de conversaciones oídas en el locutorio y de algún raro testimonio de gente que estaba allí. Nosotras las monjas, ocasiones para conversar con los soldados, tenemos pocas: lo que no sé trato, pues, de imaginármelo; si no, ¿cómo me las arreglaría? Y no todo, en esta historia, me resulta claro. Tenéis que ser indulgentes: somos muchachas del campo, aunque nobles, hemos vivido siempre retiradas, en castillos perdidos y después en conventos; fuera de funciones religiosas, triduos, novenas, trabajos del campo, trillas, vendimias, azotes de siervos, incestos, incendios, ahorcamientos, invasiones de ejércitos, saqueos, estupros, pestes, nosotras no hemos visto nada. ¿Qué puede saber del mundo una pobre hermana? Así pues, prosigo trabajosamente esta historia que he empezado a narrar como penitencia. Ahora Dios sabe cómo me las ingeniaré para contaros la batalla, yo que de las guerras, Dios me libre, he estado siempre lejos, y salvo los cuatro o cinco encuentros campales que se desarrollaron en la llanura bajo nuestro castillo y que de niñas seguíamos desde las almenas, entre las calderas de pez hirviendo (¡cuántos muertos insepultos se quedaban pudriéndose luego en los prados y nos los encontrábamos jugando, el verano siguiente, bajo una nube de abejorros!), de batallas, decía, yo no sé nada.

El caballero inexistente, Italo Calvino

3 comentarios:

Sara O. Durán dijo...

Qué sería si supiera...
Saludos.

Irene F. Garza dijo...

Hola Juan Antonio,
Y cuánto desconocimiento y extensión se ha hallado en la soledad de una sala, que nada ve, pero a todo atiende.
Un placer volver a leerte.
Un beso.

Juan Antonio B. dijo...

¿Verdad, Sara? Se diría que su saber es desconcertante.

Hola, Irene. Gracias por tus palabras. Un abrazo.