lunes, 16 de noviembre de 2015

DE AVENTIS Y OTRAS SUCIAS FLORES POÉTICAS




-Eminencia Ilustrísima y Reverendísima, ¿me concede este baile?

En lo alto ya de Escorial, en el repecho de la Travesera, el gasógeno trasero del coche pedorreó y soltó chispas y carbones encendidos. No te distraigas, Sarnita, no te pares ahora.

¿Alguna vez habéis tenido a un obispo en los brazos, chavales? Huelen bien: a cera virgen, a parquet de casa de ricos, a nardos de entierro, a masaje Floïd. Nada más tocarlo, cruje como la seda. ¿Podéis imaginar por un momento lo que es eso, mamones? Pasando suavemente el brazo por debajo de la capa, enlazas su talle y, eguidos los dos sobre las puntas de los pies, cierras los ojos y a volar, a volar gloriosamente por todo el salón siguiendo los compases del vals hasta marearse, su amplia capa de Ilustrísima abriéndose como alas de fuego con los bordes ondulando y rozando las cortinas color miel, las butacas de terciopelo y el diván verde y el biombo y los fusilados al amanecer, vueltas y más vueltas hasta perder el sentido, hasta que la toalla amarilla se le desprendió y empezó también a flotar por su cuenta. Evolucionaba como sobre ruedecitas invisibles bajo los faldones de seda, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados por el éxtasis. Murmuró con unción las palabras en latín: In te confido non erubascam y recostó la frente sudorosa en el hombro de su pareja, desfalleciendo con el cabello engomado, el negro bigotito y la cara blanca como la cera...

Si te dicen que caí, Juan Marsé

3 comentarios:

Anacanta dijo...

¿Por qué quienes pretenden alzarse sobre otros acaban teniendo en la flor de su bilogía la cadena perpetua?

Noa dijo...

Pues que bien escribe éste Juan Marsé, ¿no? Creo que añadiré éste libro en mi lista.

Noa

Juan Antonio B. dijo...

Una novela impresionante, sí.

Gracias por vuestros comentarios. Abrazos.