viernes, 25 de diciembre de 2015

lunes, 16 de noviembre de 2015

DE AVENTIS Y OTRAS SUCIAS FLORES POÉTICAS




-Eminencia Ilustrísima y Reverendísima, ¿me concede este baile?

En lo alto ya de Escorial, en el repecho de la Travesera, el gasógeno trasero del coche pedorreó y soltó chispas y carbones encendidos. No te distraigas, Sarnita, no te pares ahora.

¿Alguna vez habéis tenido a un obispo en los brazos, chavales? Huelen bien: a cera virgen, a parquet de casa de ricos, a nardos de entierro, a masaje Floïd. Nada más tocarlo, cruje como la seda. ¿Podéis imaginar por un momento lo que es eso, mamones? Pasando suavemente el brazo por debajo de la capa, enlazas su talle y, eguidos los dos sobre las puntas de los pies, cierras los ojos y a volar, a volar gloriosamente por todo el salón siguiendo los compases del vals hasta marearse, su amplia capa de Ilustrísima abriéndose como alas de fuego con los bordes ondulando y rozando las cortinas color miel, las butacas de terciopelo y el diván verde y el biombo y los fusilados al amanecer, vueltas y más vueltas hasta perder el sentido, hasta que la toalla amarilla se le desprendió y empezó también a flotar por su cuenta. Evolucionaba como sobre ruedecitas invisibles bajo los faldones de seda, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados por el éxtasis. Murmuró con unción las palabras en latín: In te confido non erubascam y recostó la frente sudorosa en el hombro de su pareja, desfalleciendo con el cabello engomado, el negro bigotito y la cara blanca como la cera...

Si te dicen que caí, Juan Marsé

domingo, 6 de septiembre de 2015

PROHIBIDO FORNICAR EN EL PRADO

El jardín de las delicias (detalle), Hieronymus Bosch


Sabes que las delirantes criaturas del Bosco
no van a delatarnos
dices
y yo asiento
por más que acaricien tus pechos
con refinadas metáforas
más dignas de otros siglos
sabes
sabemos
callan
fornican hieráticas
en la dramaturgia incalculada de la tarde
peces abisales
monstruos tiernos
monjes
doncellas
cálices hermosos como anémonas
en la dramaturgia sin guión de nuestra tarde

sábado, 22 de agosto de 2015

domingo, 12 de julio de 2015

TRES VECES AL AMANECER



Estas páginas relatan una historia verosímil que, sin embargo, nunca podría suceder en la realidad. Narran de hecho la historia de dos personajes que se encuentran tres veces, aunque cada una de ellas es la única, y la primera, y la última. Pueden hacerlo porque habitan un Tiempo anómalo que inúltimente buscaríamos en la experiencia cotidiana. Lo establecen las narraciones, de tanto en tanto, y éste es uno de sus privilegios.

Esto afirma Alessandro Baricco en una nota previa a su relato Tres veces al amanecer. Un breve libro apócrifo atribuido a un escritor angloindio, Akash Narayan. La referencia se encuentra en Mr. Gwyn, novela del autor de Seda, que narra la historia de un escritor de éxito que decide dejar de escribir para dedicarse a hacer retratos escritos por encargo.

Lucidez, precisión, virtuosismo. Quién da más.


Luego no se dijeron nada más hasta que el chico le dijo Bájate, y lo dijo como si ya nada le importara un carajo.

El hombre abrió la portezuela y dijo Lo siento.

Desaparece, dijo el muchacho. No esperó siquiera a que el hombre hubiera acabado de bajar, se estiró para cerrar la puerta y salió a toda pastilla.

El hombre se quedó allí, delante del hotel. Miró a su alrededor y se sorprendió al ver una luz que aún sabía a amanecer, porque en realidad le parecía que habían pasado horas desde que se marchara con la joven. No se movió porque el dolor lo estaba destrozando, pero también porque tenía la vaga impresión de que se había olvidado de algo. Acudieron a su cabeza las toallas. Se las imaginó allí, por el suelo, en la parada del autobús. Las vio blancas, planchadas, allí en el suelo, y por un instante pensó que había sido algo bueno que el muchacho lo golpeara sin hacer que sangrara. No le habrían gustado las toallas blancas sucias de sangre. Y en cambio ahora podía imaginárselas limpias, e injustificadas, ante la mirada curiosa de la gente.

Alguien las recogerá y se las llevará a casa, pensó.


Tres veces al amanecer, Alessandro Baricco

martes, 23 de junio de 2015

DE RHETORICA

Portrait of Laura Battiferri (detail of a book with Petrarch’s sonnets),
Agnolo Bronzino


¿Puede un ángulo ser abyecto? (Me pregunto.) ¿Puedes tú ser más gilipollas? Tranquilo, somos tantos los mediocres que no hay que hacer un drama. Ponte el jubón, las calzas, tu puta madre si prefieres. Y sigue caminando hasta lo más intrincado de ese bosque. Con un poco de suerte te perderás en lo más profundo de tus perplejidades.

jueves, 11 de junio de 2015

UN OBSEQUIO DE ANA



Ana, del blog Alma y Arte, me distingue gentilmente con el premio BOR Blog Original. ¿Qué puedo hacer, sino enviarle un abrazo lleno de cariño y gratitud?

Bueno, por supuesto les invito a visitar su espacio, un delicioso lugar de encuentro con la poesía, el arte y la reflexión. Sin etiquetas.

sábado, 23 de mayo de 2015

UNA VEZ MÁS

Portrait of a Sculptor, Agnolo Bronzino

Lo he dicho ya antes: una vez fui niño. En una época indeterminada en la que convivían en Granada los últimos viajeros románticos y los moriscos sublevados en las Alpujarras; los cristos de José de Mora y las odaliscas de los palacios nazaríes; los muchachos turbados en el frescor de los patios de clausura; las acequias dormidas en la Vega; los dramas de Lorca y los versos de Ibn Zamrak; los atardeceres morados y rosas y las luminosas mañanas de Corpus; los ensayos de orquesta en el palacio de Carlos V y los títeres de cachiporra; lo profano y lo divino; la salamandra no consumida por el fuego alquímico; los pobres gatos del Darro en el paseo de los Tristes; mi padre inventando una historia en nuestras calles del Albaicín; luego los zaguanes abandonados, siniestros; la certeza de haber vivido todo esto antes, una y mil veces. Creo que ya lo había mencionado.

domingo, 19 de abril de 2015

SI HOY ES HOY TÚ NO PODRÍAS SER OTRA

A Midsummer Night’s Dream, Christian Schloe


Los calendarios señalan esta fecha con tinta violeta
sangre tal vez de las primeras rosas sin ti
sueño dentro de un sueño
geométrica turbación de la piel
mientras los labios olvidan el decoro
y rompen los sellos salomónicos
mientras te invento
o me rompes

lunes, 9 de marzo de 2015

AND THE REST IS RUST AND STARDUST

"Dánae" (Patricia Watwood)


Quién recuerda los anacrónicos juegos amorosos de los dioses.
Nada queda salvo la memoria oscura de la larva
obstinada en seguir siendo no se sabe qué.
Eso y el óxido, el polvo de estrellas que somos.
La eternidad quizás.

domingo, 25 de enero de 2015

ZOOLOGÍAS APÓCRIFAS

"Lamia" (John William Waterhouse)


Ven, decia ella, y todos éramos conscientes de que sabía lo que estaba a punto de suceder. No temas, el tiempo es una ficción y he cruzado siglos a nado, decía. Mientras, dejaba caer un poco más su blusa, las algas que cubrían aún su cabello y hacían fosforescente su vientre de ser irreal. Sabíamos que no había que escuchar su voz ni mirarla a los ojos. Ven, dijo una vez más. Y fue la última. Ojalá nunca hubiera sonreído. Pero había pronunciado mi nombre.

domingo, 4 de enero de 2015

GALDÓS SIEMPRE

Retrato de Benito Pérez Galdós (Joaquín Sorolla)


La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural. Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí -le preguntó- el Sr. de Estupiñá? 
-¿D. Plácido?... en lo  más último de arriba -contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera. 
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»... Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir: 
-¿Qué come usted, criatura? 
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo.- Un huevo.
-¡Un huevo crudo! 
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo. 
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas -dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación. 
 -Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? -replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba. 
 Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no; le repugnaban los huevos crudos. 
-No, gracias. 
Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior. Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo:  ¡Fortunaaá!  Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un yia voy con chillido tan penetrante que Juanito creyó se le desgarraba el tímpano. El yia principalmente sonó como la vibración agudísima de una hoja de acero al deslizarse sobre otra. Y al soltar aquel sonido, digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las escaleras abajo, que parecía rodar por ellas. Juanito la vio desaparecer, oía el ruido de su ropa azotando los peldaños de piedra y creyó que se mataba. Todo quedó al fin en silencio, y de nuevo emprendió el joven su ascensión penosa. En la escalera no volvió a encontrar a nadie, ni una mosca siquiera, ni oyó más ruido que el de sus propios pasos. 

Fortunata y Jacinta, Benito Pérez Galdós