domingo, 24 de febrero de 2013

LA ATERRADORA BELLEZA DE LA CONSPIRACIÓN

El cementerio judío de Praga, lugar donde supuestamente habrían
sido redactados Los Protocolos de los sabios de Sión

En las escaramuzas de Lucerna, cuando los radicales mataron a algunos católicos de los cantones primitivos, Babeta les arrancaba el corazón y les sacaba los ojos. Agitando al viento su cabellera rubia de concubina de Babilonia, ocultaba bajo el manto de sus gracias el hecho de que era el heraldo de las sociedades secretas, el demonio que sugería todos los engaños y las astucias de aquellas misteriosas congregaciones; Babeta aparecía de improviso y desaparecía en un visto y no visto como un duende, sabía secretos impenetrables, robaba despachos diplomáticos sin alterar sus sellos, se deslizaba como un áspid en los recónditos gabinetes de Viena, de Berlín, e incluso de San Petersburgo, fabricaba letras de cambio, alteraba las cifras de los pasaportes; ya desde niña conocía el arte de confeccionar venenos y de propinarlos según las órdenes de su secta. Parecía tener el diablo en el cuerpo, tal era la fuerza de su fibra, la fascinación de sus miradas.

Yo abría mucho los ojos, intentaba no escuchar, pero por la noche soñaba con Babeta de Interlaken. Mientras en el duermevela me proponía borrar la imagen de ese demonio rubio con su sedosa cabellera que le acariciaba los hombros claramente desnudos, de ese duende demoníaco y perfumado, con el seno jadeante por su voluptuosidad de audaz réproba y pecadora, la anhelaba como modelo de imitación; a saber, sólo pensar en acariciarla con los dedos me producía horror; lo que sentía era el deseo de ser como ella, agente omnipotente y secreto que alteraba las cifras de los pasaportes, llevando la perdición a sus víctimas del otro sexo.

El cementerio de Praga, Umberto Eco

No hablo de esa ridícula tesis (si es que así mereciera ser llamada una tontería semejante) de la teoría de la conspiración, tan en boga en los círculos de la derecha política española los últimos años. Naturalmente que no. Hablo de El cementerio de Praga, la hermosa novela de Umberto Eco publicada en 2010. Relato histórico ambientado en la Italia de la segunda mitad del siglo XIX que relata de forma magistral las conspiraciones carbonarias, las intrigas de los jesuitas y la francmasonería toda luciendo sus más espléndidas galas en las jornadas convulsas de la unificación italiana. Su protagonista, el capitán Simone Simonini, reputado falsificador, misógino, aficionado a los placeres de la buena mesa y a las novelas por entregas, ha elevado la mixtificación a la categoría de arte. El inquietante desdoblamiento de personalidad de Simonini nos presenta un diario compartido con el Abad Dalla Piccola, que habita una pieza al otro lado de un oscuro pasillo en el que es fácil intercambiar la indumentaria propia del otro. Los planos narrativos se multiplican e incluso se manifiestan a nivel tipográfico. En El cementerio de Praga conviven la conspiración judeomasónica, Los protocolos de los sabios de Sión, el caso Dreyfus, la Comuna de París Garibaldi, Freud, el nacional socialismo alemán... Sé que es un poco perverso, pero me resulta particularmente divertido lo mucho que molestó esta novela simultáneamente al Vaticano y a la comunidad judía.

8 comentarios:

Índigo dijo...

Así son algunas cosas. La belleza siempre es conspiradora e inspiradora. Y aterra, sí, aterra pero es tan bella...

Marisa dijo...

Leí esta novela tan controvertida el verano pasado y me pareció maravillosa, uno de los mejores trabajos de Umberto Eco.

Molestó -quizás- porque a nadie le gusta verse reflejado en unas páginas y, mucho menos, cuando lo que se refleja de ese estamento o clase social es molesto e incómodo.
A través de las páginas de Eco conocí más de cerca un tema del que había oído hablar mucho pero sabía poco: la masonería, que creo que este escritor la trata con gran acierto.

En cuanto al escándalo que provocó entre la comunidad judía, es cierto que leyendo las primeras páginas, la descripción -física y psíquica- que el abuelo del protagonista va haciendo de estos, impresiona un poco -o un mucho-. Pero, por lado, no podemos olvidar de que estamos frente a una obra literaria y, por tanto, de ficción; y por otro lado, el haber sufrido el terrible holocausto nazi no los exime eternamente de ciertos comportamientos históricos -como el de la actual Palestina- y de los posibles errores de su civilización, cultura o política.

Por último, permíteme que te deje una cita del libro para esos dos sectores (Vaticano y Comunidad judía)que en tu entrada dices que molestó tanto el libro:

"La religión empujó y empuja a las guerras, a las matanzas de infieles, y esto vale para cristianos, musulmanes y otros idólatras; y si los negros de África antes se limitaban a matarse entre ellos, los misioneros los han convertido y los han transformado en tropa colonial, de lo más adecuada para morir en primera línea, y para violar a las mujeres blancas cuando entran en una ciudad. Los hombres nunca hacen el mal de forma tan completa y entusiasta como cuando lo hacen por convencimiento religioso".

El Cementerio de Praga.- U. Eco.

Un beso y buen domingo, Juan Antonio.

Juan Antonio dijo...

No podría estar más de acuerdo contigo, Marisa. Si perdiéramos la capacidad de burlarnos de nuestras propias miserias habríamos tocado fondo.

Gracias y un beso enorme.

Laura Uve dijo...

Me impresionó el cementerio judío de Praga.

No he leído el libro de Eco, entre otras cosas porque no soporto la moda sobre la masonería y otras sociedades secretas que inunda la novela actual. Y que conste que la masonería desde el punto de vista histórico me interesa mucho y la he trabajado.

Hay muy pocas cosas comparables con el intento de exterminio judío llevado a acabo por los nazis (de hecho en este momento no se me ocurre ninguna).

Apunto el libro, a Eco lo admiré mucho en sus primeras obras.

Buen domingo!!

i*- La que canta con Lobos dijo...

¡Qué grande Umberto Eco! Me ha encantado!! Besos :)

Marisa dijo...

Me apunto este libro de Umberto. Creo que será de esos que enganchen desde la primera hasta la última página. De hecho, lo único que me he leído de este autor fue un manual sobre cómo hacer una tesis. Indagaré más en sus obras.

Un abrazo :)

Juan Antonio dijo...

Marisa, te recomiendo en particular "El nombre de la rosa". No sé ahora, pero en el momento de su publicación, resultaba una obra perturbadora para un estudiante de filosofía enamorado del nominalismo medieval.

BEATRIZ dijo...

La leí hace tiempo, y disfrute bastante el desdoble de personalidad del capitán...y la vez estaba esperando descubrir el laberinto de "el nombre de la rosa" lo cual no ocurrió, naturalmente.

No le doy tanto crédito literario, me parece que tiene una narración más lineal. Es lo malo de las comparaciones, quizá deba darle otra leída.