domingo, 6 de enero de 2013

SÓLO QUERÍA OÍR TU VOZ

Jane March en L'amant (Jean-Jacques Annaud)


Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. El le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo: sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Sabía que había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.

El amante, Marguerite Duras

Tengo una habilidad especial para elegir los libros en los tiempos más inadecuados. Un ejemplo clarificador: en un momento de fuerte depresión leí sin solución de continuidad Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, y La montaña mágica, de Thomas Mann. El amante, de Marguerite Duras, y Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes, coincidieron, con igual desacierto, con dos circunstancias de fuertes rupturas emocionales. No es premeditado. O sí. No podría asegurarlo. En cualquier caso, no me arrepiento.

La lectura de la novela de Duras supone una verdadera catarsis. Lejos del voluptuoso placer de Madame Bovary, Ana Karenina, La Regenta, Fortunata y Jacinta, incluso Le rouge et le noir, El amante es una novela que nos desgarra y nos rompe. En algunos momentos el dolor puede parecer insoportable. Lo es. Pero el ritmo conciso, duro, inapelable del relato arrastra, mezclado con el dolor, los posos amargos de los venenos de la melancolía y los diluye al fin en un mar en el que todo se hace leve, vagamente dorado, insignificante. Entonces comprendemos que nunca más seremos los mismos. Que está bien. Que así debía ser.

10 comentarios:

muesli. dijo...

Preciosa crítica. Si la leyera Duras no dudo de que se alegraría.
Verdaderamente, me has invitado a leerlo :D

Un beso, Juan Antonio!

Verónica C. dijo...

Recuerdo que cuando leí este libro tampoco era el momento adecuado.
Cuando le terminé me di cuenta exactamente de eso, de que todo siempre está en su perfecto orden y lugar aunque nos parta.

Besos

San dijo...

Si que tu critica invita a leer este libro, yo hace tiempo que lo lei y me parecio una gran obra, bellisimo.
Aunque si el momento es el adecuado, se disfruta doblemente.
Un saludo.

Marisa dijo...

Jamás entendi por qué los amores que son hasta la muerte, son así mismo imposibles. Dura propiedad conmutativa...

Un libro jamás es desacertado. Lo desacertado es el momento. Creemos que en momentos difíciles el libro apropiado es el que está cargado de optimismo, cuando lo que de verdad necesitamos es todo lo contrario para que se produzca esa catarsis que nos lleva a tocar fondo y a partir de ahí flotar, flotar sin interrumpción hacia la superficie.

Un beso, Juan Antonio.

Anónimo dijo...

Tu reflexión me ha recordado la obra de Milan Kundera, “El arte de la novela”.
Afirma Kundera que la novela acompaña al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna y que la “pasión por conocer” se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida concreta del hombre y la proteja contra “el olvido del ser”; para que mantenga, en definitiva, “el mundo de la vida” bajo una iluminación perpetua. Por esa razón sería tan necesaria hoy, la existencia de la novela. Considera el autor que la novela, por situar como objetivo fundamental “el ser del hombre”, entra en contradicción con el espíritu de nuestro tiempo y si quiere progresar, tendrá que hacerlo en contra del progreso del mundo. Este planteamiento lleva a Kundera a reflexionar sobre el arte de la composición novelesca, la creación de personajes y otros aspectos que considera claves para que este género literario mantenga su importancia. De esta manera considera que la novela ha descubierto por sus propios medios, los diversos aspectos de la existencia.

No hay, por tanto, novelas para tiempos inadecuados...

Nuria dijo...

Yo siempre elijo los libros y la música más inadecuados. Es como querer ahondar en el dolor.
Lo leeré de nuevo, pero no ahora. Si ahondo un poco más me tocaré el corazón con la punta de los dedos.
Un beso.

Pat.mm dijo...

Leí El Amante de Marguerite Duras hace mucho tiempo,; me gustó, pero no consiguió arrastrarme. Si me impresionó las cantidades de vidas diferentes que se pueden vivir en este mundo. Y como tú bien dices, los cambios que irreversibles que nos producen durante ella aunque nos cueste reconocerlos.

besos,

Amanecer Nocturno dijo...

Y que nunca haya leído nada de Duras en serio no tiene perdón, ¿eh? Es que con tanta poesía que me bebo últimamente ya no me queda tiempo para la novela.

Tu crítica es delicada y cortante, yo diría que incluso desafiante, porque a ver quién se atreve a leer semejantes barbaridades en épocas de ceguera absoluta, ¿eh?

Un abrazo, Juan Antonio.

Anouk A. dijo...

Gracias por compartir este fragmento, L'Amant es una de mis novelas favoritas, y con las que es difícil no sentir una conexión fuerte, porque toca núcleos humanos muy poderosos.

Un abrazo :)

g dijo...

“Los ojos azules, pelo negro” también desgarra, también rompe. O “La impudicia”. Duras tiene una forma de arrastrar el amor, o el deseo, que duele pero, a la vez, purifica. Disecciona fríamente apariencia y realidad.