jueves, 17 de enero de 2013

MELANCÓLICOS INVENTARIOS

Xi Pan


Nunca conseguiréis que lo admita. Lo sé. Con ojos tristes de niño triste o chucho extraviado. Así. He reconstruido el torpe inventario de las caricias accidentales, piensa. Y duelen. ¿Por qué? No lo admitirá nunca, pero una lágrima de plomo fundido ha abierto surco en las mejillas. Muy cerca el cristal de la ventana. En la acera dos perros follan. Resultan tan patéticos en la madrugada, que le da risa. Pero aún piensa en los cuerpos accidentales, en esa penosa relación que le ocupa. La vida sigue allá abajo. Ni rastro de los perros. Se acabó. Piensa que en los hospitales la realidad está hecha de otra materia. Y amanece también, aunque la calefacción abofetea la conciencia y el miedo es un zumbido indecente y paralizante. Amanece en los cafés, en los quioscos, en los locales de mala muerte, en los callejones inmundos donde estallan las injurias y las copas de la madrugada, y en las favelas. Incluso en las cárceles. En las iglesias amanece sin llegar a amanecer nunca del todo. Nunca conseguiréis que lo admita. Siempre faltará un nombre en ese estúpido y mutilado inventario de las caricias accidentales. Siempre. Y el reguero de plomo fundido habrá abierto camino hasta la garganta y de ahí a las últimas cavidades mohosas del corazón.

10 comentarios:

Verónica C. dijo...

Me has llevado a ese lugar que todos alguna vez (o muchas) hemos conocido.

Hoy dueles.

Besos

Setefilla Almenara J. dijo...

Buenas tardes Juan Antonio. ¿Sabes? El otro día mientras leía tu poema de la entrada anterior a esta, pensaba en lo equivocada que estaba al pensar que no existía un ser más melancólico que yo...jeje.

Y qué hermosa es tu lírica melancolía, es adictiva.

Gracias.

Juan Antonio dijo...

Querida Verónica, qué voy a contarte yo de torreones orientados al norte. ¿Duelo? Puede ser. Soy bueno. Casi se diría que me rodea un halo de santidad. Aunque a veces puedo adoptar la forma de peluche desobediente. Tal vez es que la madrugada me dolía a mí. Un beso reparador.

Sete, eres genial. Hace un tiempo descubrí que la melancolía tiene ojos profundos y oscuros. Y es adictiva. Oh, sí. Un beso, guapísima.

Laira dijo...

Apunta el nombre en mayúsculas en ese estúpido y mutilado inventario de las caricias accidentales, siempre puedes ser tú quien se las provoque en un nuevo amanecer.
1 beso.

rayuelasolvidadas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
rayuelasolvidadas dijo...

Oh.
Nosé. Yo ahora he volado leyéndote, y es una noche bastante melancólica y llena de zumbidos indecentes y paralizantes, asique muchas, muchas gracias.

Juan Antonio dijo...

Me encanta cuando combustionas, Laira. 2 besos.

Y te prodigas tan poco, rayuelasolvidadas. Pero las gracias te las doy yo, naturalmente.

(* dijo...

El torpe inventario de las caricias accidentales. Parece el título de un irresistible poemario.
Un beso.

Hanna Xesco dijo...

Alguna vez acariciaron el corazón, es bueno mantenerlas en el inventario de caricias... Besos

g dijo...

A veces, no hay nombre que apuntar. En la categoría "Desconocido" van a parar aquellas caricias que, sin ser reconocibles, sanan (o no) igual que las otras.