jueves, 20 de enero de 2011

LOS LÁNGUIDOS PAISAJES DE LA SENSUALIDAD

"Las ninfas" (Emile Bernard)


La cólera la hacía temblar de pies a cabeza y sus dientes chocaban, como si tuviera mucho frío. Súbitamente se incorporó. Sin cubrirse con la toalla, sin encogerse para que aquellos ojitos invisibles tuvieran sólo una visión incompleta y fugaz de su cuerpo. No, al revés. Se incorporó empinándose, abriéndose, y, antes de salir de la bañera, se desperezó, mostrándose con largueza y obscenidad, mientras se sacaba el gorro de plástico y se sacudía los cabellos. Y, al salir de la bañera, en vez de ponerse de inmediato la bata, permaneció desnuda, el cuerpo brillando con gotitas de agua, tirante, audaz, colérico. Se secó muy despacio, miembro por miembro, pasando y repasando la toalla por su piel una y otra vez, ladeándose, inclinándose, deteniéndose a ratos como distraída por una idea repentina en una postura de indecente abandono o contemplándose minuciosamente en el espejo. Y con la misma prolijidad maniática frotó luego su cuerpo con cremas humectantes. Y, mientras se lucía de este modo ante el invisible observador, su corazón vibraba de ira. ¿Qué haces, Lucrecia? ¿Que disfuerzos eran estos, Lucrecia? Pero continuó exhibiéndose como no lo había hecho antes para nadie, ni para don Rigoberto, paseándose de un lado a otro de, cuarto de baño, desnuda, mientras se escobillaba los cabellos, se lavaba los dientes y se echaba colonia con el vaporizador. Mientras protagonizaba ese improvisado espectáculo, tenía el pálpito de que aquello que hacía era también una sutil manera de escarmentar al precoz libertino agazapado en la noche de allá arriba, con imágenes de una intimidad que harían trizas de una vez por todas esa inocencia que le servía de coartada para sus audacias.

Cuando se metió a la cama, todavía temblaba. (...)


Elogio de la madrastra. Mario Vargas Llosa. Desde tus manos, desde tu cuerpo perfumado en noches de enero, cuando amanecen tus ojos una y otra vez para saberme.

martes, 4 de enero de 2011

A TI, HOY

"Mujer con medias negras" (Egon Schiele)

Amor. Son tus besos lo que antes busqué en otros besos
sin apenas saber.
Las alcobas eran entonces menos azules,
y el silencio mordía como un perro rabioso.
Pero yo no sabía.

Es cierto. La memoria de la piel no miente.
Pero hoy la piel eres tú,
la vida eres tú
y en mis brazos sientes, sueñas.

Por eso, ven.
Quédate hasta la madrugada.
Y luego más, siempre más.
Porque dibujar un cuerpo como una yedra luminosa
que se deshace en regueros de plomo y sal
requiere tiempo, amor.

¿Sabes? Tal vez entonces una luz armoniosa
lamerá los balcones del alba.
Será enero. Y tú estarás.
Aún. Conmigo.