domingo, 31 de octubre de 2010

UBI SUNT

"El triunfo de la muerte" (Vidriera de la catedral de Berna)


¿Dónde están? ¿Adónde fueron? Intemporal pregunta. Innecesaria. Inevitable. Ella triunfa sobre todas las cosas, sobre todos nosotros. Sus negros crespones ondean invictos sobre obispos y hetairas, trovadores y letrados, príncipes y mendigos.

Mientras tanto, nos queda la belleza. O su memoria.


La Danse Macabre (Guy Marchant, París, 1486)

miércoles, 27 de octubre de 2010

DOS LECTURAS DEL MITO DE LEDA

"Leda y el cisne" (Giovanni Boldini)

"Leda" (Gustave Moreau)


Dos visiones radicalmente opuestas del mito de Leda y el cisne: la despreocupada sensualidad de Giovanni Boldini y el simbolismo fascinante y decadente de Gustave Moreau.

La historia narra la seducción de Leda, esposa de Tindáreo de Esparta, por Zeus. El padre de todos los dioses se presenta ante la hermosa Leda bajo la engañosa apariencia de un cisne perseguido por un águila y la posee junto al río Eurotas. Como quiera que esa noche ella acude al tálamo con el espartano, Leda pone dos huevos de los que en su momento nacerán dos hijos inmortales (la bellísima Helena de Troya y Pólux) y dos mortales (Clitemnestra y Cástor).

En cualquier caso, Leda asciende al panteón de los inmortales de la mano de Némesis, diosa de la justicia y la venganza.

Según otra versión de este pasaje mitológico, habría sido la propia Némesis la víctima de la incontinencia de Zeus. Para defenderse de su asedio, se habría transformado en diversos animales. Pero el persistente dios adopta formas cambiantes y, cuando ella se convierte en oca, la hace suya bajo el aspecto de un cisne. Leda se habría limitado a cuidar el huevo fruto de la unión de los inmortales, entregado por unos pastores, del que nacería Helena.

miércoles, 20 de octubre de 2010

LA NOCHE COMO ABISMO

"La toilette" (Henri de Toulouse-Lautrec)


Quien ha descendido el último peldaño del abismo
hasta perderse en un laberinto olvidado de la dicha,
lo sabe. Y recuerda.

Tal vez una tarde de honda plenitud
rechinan olas contra acantilados ilusorios,
o azota el temporal de la melancolía
balcones escarpados, inalcanzables.

Y la vida está ahí,
extendida como un río de eternas evidencias.
Ahí laten pulsaciones minúsculas, suspiros,
lánguidos besos infantiles
enredados a la marea salina de unos miembros.

La vida se adormece,
y con ella la luz.
De brumas adornada una boca,
brocado de algas y corales,
afronta el desafío de la luna.
Noche cargada de marchitos presagios,
noche clarísima del alma más sombría.

jueves, 14 de octubre de 2010

JARDÍN DESOLADO

"El dormitorio en Arles" (Vincent Van Gogh)


El hombre recorre con paso ceniciento
jardines desolados de otros tiempos.
No mirto ya, ni arrayán,
apenas el miserable recuerdo
de mañanas más felices,
cuando una mano cálida invitaba
a creer en el perfume de las rosas.

Desde su sueño de piedra,
bajo la amenazante caricia de la yedra,
estatuas de ojos sin pupila
miran pasar al hombre cansado.
Lo mismo que él, miran sin ver
desde el fondo de su sueño mineral.

Y de pronto sucede.
Algo hermoso como una aurora boreal
rasga el velo lechoso de la niebla,
inunda el jardín adormecido
con una luz irreal, de otro mundo.

El hombre piensa: Es tan bella,
que no quiero que exista.
Busca el amparo de las estatuas,
la certeza de las rosas muertas.
Pero la presencia se acerca
con ojos más bellos que la noche
y un cuerpo ebrio de hermosura.

El hombre dice: Esto no se le hace
a un pasajero de los jardines desolados,
a un hombre en la mitad de su abismo.
Yo, que miraba sin ver,
que evitaba los parques luminosos
donde juegan los niños,
todo por no sufrir.

El hombre dice: Y sin embargo,
acércate, no te vayas aún.
Déjame comprobar que eres verdad.

Ella sonríe.
Un rumor de albahaca y jazmines
estremece la tarde.

El hombre cierra los ojos.
Toma mi mano, llévame
a la región donde las hadas sueñan.
Hazme sufrir, si gustas,
nada me importa.
Pero no te vayas aún,
no me dejes.

Ella sonríe.
Hazme sufrir, si quieres,
nada me importa.
Pero dame a probar ese vino
que presiento en tus labios.
Quiero que me embriagues,
que quemes con él
mi deseo, mis heridas.

El hombre se aleja como en sueños,
envuelto en una miríada de chispitas de luz.
Un rocío irreal transforma el jardín.
La brisa fresca del crepúsculo
devuelve perfumes añorados
de mirtos, arrayanes,
la tierna fragancia de las rosas.

No lejos de allí,
unos niños juegan al pie de las acacias
sin presentir que acaba de suceder un milagro.

lunes, 11 de octubre de 2010

viernes, 8 de octubre de 2010

DEJAD QUE SE ACERQUEN A MÍ

"Lilith" (John Collier)

Ninfas, lamias, hechiceras, hermosas criaturas oscuras caídas en lo más profundo de un cáliz obsesivo, venid a mí. En este día yo os adoro.

martes, 5 de octubre de 2010

CHANTARS NO POT GAIRE VALER



Chantars no pot gaire valer,
si d’ins dal cor no mou lo chans;
ni chans no pot dal cor mover,
si no i es fin’ amors coraus.
Per so es mos chantars cabaus
qu’en joi d’amor ai et enten
la boch’ e.ls olhs e.l cor e.l sen.

[...]

Re mais no·n am ni sai terrer;
ni ja res no·m seri’ afans,
sol mi dons vengues a plazer;
c’aicel jorns me sembla nadaus
c’ab sos bels olhs espiritaus
m’esgarda; mas so fai tan len
c’us sols dias me dura cen!

Lo vers es fis e naturaus
e bos celui qui be l’enten;
e melher es, qui·l joi aten.

Bernartz de Ventadorn l’enten,
e·l di e·l fai, e·l joi n’aten!


(Poco puede valer el cantar si el canto no surge de dentro del corazón, y el canto no puede surgir del corazón si en él no hay leal amor cordial. Por esto mi cantar es perfecto, porque tengo y empleo la boca, los ojos, el corazón y el juicio en el gozo de amor.

[...]

No amo ni puedo temer ninguna otra cosa; ni nada ya me sería afanoso con tal que ello pluguiera a mi señora; me parece Navidad el día aquel en que me mira con los bellos ojos espirituales; pero lo hace tan raramente que un solo día me dura tanto como ciento.

El verso es auténtico y perfecto, y bueno para aquel que bien lo entiende, y es mejor para quien espera el gozo.

Bernart de Ventadorn lo entiende, lo dice, lo hace y espera el gozo.)

Bernart de Ventadorn, músico y trovador provenzal del siglo XII, es uno de los más excelsos poetas amorosos del Medievo. La traducción es de Martín e Isabel de Riquer.

viernes, 1 de octubre de 2010

YO, MÍ, MEMO

"En el Moulin de la Galette" (Ramón Casas i Carbó)

¿He dicho ya que el amor es un fiasco? No el amor literario, claro. Ni el de las grandes sagas mitológicas. Ni el de las doncellas prerrafaelistas. Ese no. El otro. El que nos asalta entre vulgar y chulo en un café o en un parque sin poder ofrecer otra cosa que una triste y burda parodia de las letras de Baudelaire, de Poe, de Gil de Biedma.

Ya, ya sé lo que me van a decir: que ellos en realidad no conocieron más que un amor desteñido y anémico, de turbios ángeles caídos de cafetín o burdel cuando no de rutilantes y fementidos salones. Lo supongo. Pero... ¿les habéis leído?

Pues a eso me refiero.