miércoles, 5 de mayo de 2010

SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS




Se lo decía a Meryone. Debería estar prohibido leer libros tan tristes y bonitos. Pero qué sería entonces de nosotros, destinados a cobijarnos bajo la alargada sombra de los cipreses. Se lo decía porque en su blog descubrí el poderoso arranque de esta novela de Miguel Delibes. Yo transcribo otro momento de la historia, igualmente asombroso.


Ninguno de los dos era sincero pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la situación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, pero me sucedía lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurría nada. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre, caminábamos cogidos de la mano: ¿Qué vamos a decirnos? Me siento feliz así, respondió ella.

14 comentarios:

Meryone dijo...

la vida sería triste y dura sin libros tristes y bonitos

las sonrisas tristes son necesarias

besos

Carmela Rey dijo...

Asombroso el fragmento de ese libro donde se expresan los sentimientos que se esconden en la rutina, hasta incluso en el hastío.
La tristeza, forma parte de nuestra vida, está bien leerla también en los libros.
Un saludo cordial

Carol Bret dijo...

Creo que me he puesto solemne. Es que Delibes inspira un respeto profundo.

Y usted, Juan Antonio, ¿se puede saber dónde estaba?

Alegría de volver a leerlo.

elena clásica dijo...

Qué belleza, ese momento incomprensible en el que la felicidad existe real, tangible en la intimidad, la compañía, la mirada.
Sin saber muy bien qué es, algo ocurre en esos momento cotidianos y elevados.

Maravilloso. Besazos.

Nefer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nadna dijo...

Lo más triste, quizás, es haber sido feliz y no haberlo notado hasta que se perdió la felicidad, por eso debemos asegurarnos a cada momento.

Y sí, Delibes.

Un beso.

Erato dijo...

Entrañable y conmovedor regreso.Abrazo, Juan Antonio.

Nefer dijo...

"Quizás eso era lo mejor. Muchas veces las palabras sobran o estorban.

No sé por qué, pero este texto se me ha clavado en el alma como una aguja hirviendo atravesándome el corazón y rompiéndolo en mil pedazos, como se rompe el cristal cuando choca contra el suelo; quizás me he sentido demasiado identificada con el texto".

Me alegra ver de nuevo abierto el laberinto.

Besillos.

AAN dijo...

Me ha pasado tantas veces eso de no saber qué decir y desesperarme porque la otra persona no se sienta incómoda... Gracias por acercarnos este libro.

Nébula dijo...

que bien escribía este hombre (y que mal lo hago yo ¬¬ )

Mayte dijo...

Porque la felicida y la vida en si, con de esa forma, pequeños momentos para compartir.

Biko.

Juan Antonio dijo...

Gracias por vuestras palabras.

g dijo...

Para unir a Meryone con el fragmento que elegiste:

“Algunas mañanas no la veo, únicamente la oigo, la siento acercarse por detrás, haciendo crujir las tablas de roble como sólo su peso podría hacerlas crujir. Entonces intuyo que me acompaña aunque no la vea. Es claro que son visiones producidas por el alcohol, pero me valen: ya no puedo vivir sin esas visiones.”


¿Quién dijo que esos besos tristes y melancólicos no son igualmente bellos?

Sgt. Pepper dijo...


Siento dolorosa simpatía y comprensión hacia el protagonista del fragmento. Es una lástima comprender demasiado tarde que no hacen falta palabras.