jueves, 10 de julio de 2008

LA CRUZ DEL SUR (FRAGMENTOS)


JULIA. Madre...
MADRE. (Desabrida.) ¿Qué?
JULIA. Soy yo, madre. ¿No se acuerda?
MADRE. (Dura.) No.
JULIA. Yo soy también su hija.
MADRE. (Socarrona.) Pero menos.
JULIA. (Se acerca a MADRE y la besa efusivamente.) ¿Menos? ¿Menos, dice?
MADRE. ¡Déjame! ¡Déjame! Que no dejáis a una atender sus obligaciones. (Arreglándose el pelo.) Ya está bien de zarandajas. ¿Qué iba a ser de esta casa si yo os consintiera a cada uno campar por vuestros respetos? ¡Virgen santa, y cuánta cortesana con su flor de loto allí mismo! ¡Ave María purísima! ¡Cuánta puta en una casa tan noble! (Sale persignándose.) ¡Atrás, Satanás! ¡Por los clavos de Cristo, amén!

(...)

MADRE. Calle, mesonero. (Aparte, a CÉSAR.) ¿Usted ha visto? (CÉSAR hace un gesto de complicidad. La anciana sigue comiendo.) Algún tiempo después sucedió algo grande. El caso es que se fueron todos los hombres. Ahora no puedo recordar bien. ¿Adónde se fueron? ¡Ah, sí! Se fueron a la mar. (Deja de comer y continúa hablando como para sí.) Se fueron todos. Maridos, hijos, sobrinos. ¡Todos! Yo no sé lo que buscaban. ¡Tantas aguas! ¡Tantas! (Sollozando.) ¡Y qué sola me dejaron! Una, pobre monja sin fortuna, aquí, en La Cruz del Sur. (Evocadora.) La Cruz del Sur. Qué hermoso nombre para una taberna. (Confusa.) Porque esto ya había dejado de ser convento, me parece. Sí, eso creo. Y mientras, una tan sola, en estos páramos desolados. Hubo un tiempo en que volvían. Siempre volvían. Hasta que una vez se fueron y ya no volvieron nunca más.

(...)

MADRE. Sí, es verdad. La mar. ¡Qué ancha, qué azul! (La escena se ilumina de nuevo gradualmente y adquiere tonos de una blancura hiriente.) La mar... ¡Cuántos pececitos! Y la espuma chocando una y otra vez contra las arenas menudas. Y el ruido de las olas, que la dejaba a una sorda o alelada, qué sé yo. Olalla, ¿tú te acuerdas de los barquitos de vela? ¿Te acuerdas de los pescadores, con sus alpargatas, sus gorras de color añil y sus ojazos ebrios de tanta mar? (OLALLA se acerca a MADRE e inclina la cabeza sobre su regazo.) ¡Qué guapos eran, niña! Al despuntar el día sacaban sus redes cargadas de vida marina olorosa, centelleante... Yo bajaba a la playa sólo por verlos. Y ellos me miraban sosteniendo sus redes como gladiadores en mitad del circo. Me prometían tantas cosas... ¿No te acuerdas de sus miradas? (OLALLA afirma con un gesto leve. Las facciones de MADRE se endurecen.) Y un buen día, se acabó. Supongo que se los tragó la mar, cualquiera sabe. Lo único que yo sé es que nunca más volvieron a vender su pescado en la playa. Y luego se llevaron la mar a algún lugar y sólo quedaron estas cuatro paredes. La Cruz del Sur. Y un páramo desolado, seco, estéril. Como esta pobre madre sin hijos.

3 comentarios:

Losselith dijo...

gracias por tu comentario, te leo ;)

Casandra dijo...

¿Es una obra de teatro o una película? El final me ha recordado un poco a la "Yerma" de Federico García Lorca. ¡Un abrazo!

Juan Antonio dijo...

Encantado, Losselith.

Es una obra de teatro, Casandra. Besos.