domingo, 18 de septiembre de 2016

CARAVAGGIO REDIVIVO

 Ishtar, Roberto Ferri
  Anima Mundi, Roberto Ferri
 Tomba lacrimata, Roberto Ferri
Reptilarium, Roberto Ferri
 Liberaci dal male, Roberto Ferri

 Salomé, Roberto Ferri
 Crepuscolo del mattino, Roberto Ferri
 Sigillum, Roberto Ferri
 Ericto, Roberto Ferri
 Prigione di lacrime, Roberto Ferri
 Angelo velato, Roberto Ferri
 Liberaci dal male, Roberto Ferri
Requiem, Roberto Ferri
 Vanitas, Roberto Ferri
 Pietas, Roberto Ferri
Il canto della Vergine, Roberto Ferri

miércoles, 31 de agosto de 2016

BYE BYE, FACEBOOK

Auto de fe en la plaza Mayor de Madrid, Francisco Rizi


Pues sí: cierro mi cuenta de Facebook. Lo cierto es que estoy cansado de que censuren y bloqueen una vez tras otra publicaciones que no son otra cosa que cuadros, fascinantes obras de arte firmadas por maestros de todas las épocas y expuestas (curiosamente para todos los publicos, señor Zuckerberg) en museos de todo el mundo.

Me parece indignante el papanatismo y la ignorancia de estos señores de Facebook.

Hasta nunca, censores del siglo XXI.

martes, 7 de junio de 2016

OTRO JUNIO

Model resting, Henri de Toulouse-Lautrec


Cuando eres junio y yo jueves. Cuando somos aún a pesar de la metafísica. Cuando me esperas en el callejón del Gato o en la casa de los Tiros, donde el (corazón) manda.

martes, 10 de mayo de 2016

GALDÓS SIEMPRE

Benito Pérez Galdós


Benito Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920.

miércoles, 23 de marzo de 2016

MIDDLESEX




He sido varón más de la mitad de mi vida, con lo que ya todo lo hago con la mayor naturalidad. Cuando Calíope emerge a la superficie, es como un defecto del habla adquirido en la infancia. De pronto ahí está otra vez, dándose un tironcito del pelo o mirándose las uñas. Es un poco como estar poseído. Callie surge en mi interior llevando mi piel como un vestido amplio. Mete las manitas en las anchas mangas de mis brazos. Introduce los pies de chimpancé por los pantalones de mis piernas. Por la acera noto que sus andares de niña toman el relevo, y el movimiento me devuelve una especie de emoción , una simpatía desolada y efusiva por las niñas que veo volver a casa del colegio. Eso continúa durante unos cuantos pasos. El pelo de Calíope me hace cosquillas en la nuca. Noto la vacilante presión de su mano en el pecho —aquel viejo hábito nervioso suyo—, para ver si hay alguna novedad por ese lado. El enfermizo fluido de la desesperación adolescente que corre por sus venas inunda las mías una vez más. Pero entonces, tan bruscamente como ha aparecido, desaparece, encogiéndose y fundiéndose en mi interior, y cuando me vuelvo a mirar en un escaparate esto es lo que veo: un hombre de cuarenta y un años de pelo ondulado, más bien largo, fino bigote y perilla. Una especie de mosquetero moderno.

Middlesex, Jeffrey Eugenides