domingo 12 de julio de 2009

QUIETUD

"El concierto" (Marc Chagall)


Pero tus manos saben siempre los caminos.
Rozan apenas un milagro de madreselvas
en la oscuridad indescifrable de los jardines,
cuando las luciérnagas hacen tiritar la madrugada
y tú ya no estás, no estás,
pero queda el rumor de tus besos.

No está, me dice una voz insinuante,
ella no está, no vuelve,
no vale la pena esperarla,
qué son unas manos, qué el clamor de un beso,
qué un cuerpo entregado
en el estrépito de la siesta.

Pero tus manos saben encontrarme
incluso cuando no estás.
Me rodean exigiendo su dosis de ternura
cada día, sí, también hoy,
porque te necesito, dices,
porque me das la gana,
porque me gusta jugar a que eres mío
mientras me haces perder la conciencia
en cada muerte dulcísima, en cada abismo.

Luego todo es silencio,
penumbra añil en una alcoba
que se transforma en jardín imposible,
porque la luna dibuja ya tu cuerpo
como un río de plata o un sueño.

viernes 10 de julio de 2009

QUIÉN DIJO QUE ME HABÍA IDO

"The shrine" (John William Waterhouse)


Le pillan a uno en un renuncio y ya comienzan los llantos y lamentaciones. Que no, Meryone, que no me voy. Que no, Nefer, que no olvidaremos porque nada ha terminado. Que no me voy. O mejor dicho, que aquí estoy de nuevo como el ave fénix resurgiendo de sus cenizas dispuesto a aburrir a mis detractores (lo siento por ustedes, o mejor dicho, no lo siento nada) y a complacer a mis amigos y amigas con mis alardes y fuegos fatuos de diversa coloración.

Que no me voy, digo. O que vengo. Qué se yo. Que estoy, vamos. Que soy. Que sigo siendo y estando en este mundo virtual porque la vida sigue a pesar de que sea julio en el almanaque y otro mes en mi alma.

Para que la felicidad sea completa, reabro también mi Facebook, esa cosa inútil y prescindible llena de pequeñas banalidades.

Si alguien me ha desenganchado de su blogroller, vuelva a ponerme ahí. Pasaré revista y anuncio severas reprimendas. Que no me he muerto, joder.

martes 9 de junio de 2009

SENCILLAMENTE, GRACIAS

"Anochecer desde la ventana" (Marc Chagall)



Un año ya.

El mes de junio del año 2008 supuso una fuerte ruptura en mi vida. Muchas cosas cambiaron. Esa fecha se convirtió para mí en un hito doloroso que habría de señalar para siempre un antes y un después.

En la Edad Media, en los momentos de mayor tribulación, los atrios de los monasterios resonaban con el gregoriano tosco, ascético, emotivo hasta el dolor. En cierto modo, este blog fue también una plegaria destinada a conjurar los abismos insondables, los siniestros laberintos y los indefinibles monstruos que en ellos tal vez moraban. Mis sospechas eran fundadas. No en vano Borges me había indicado algunas valiosas pistas. Y Poe. Y Baudelaire. Y eran ciertamente pavorosos.

Donde el olvido. Cernuda me prestó sin asentir ni consentir título y subtítulo: En los vastos jardines sin aurora. Triste. Y tan hermoso.

Un año ya. Mucho tiempo. Hoy, repetido en su totalidad el ciclo de las estaciones, este espacio parece haber cumplido su función. O eso creo. Tampoco importa demasiado.

Deseo, pues, manifestar mi gratitud a todas las personas que me han acompañado en esta etapa con su palabra, con su cariño, con su apoyo, con su ternura. Sin ellos no habría llegado probablemente hasta aquí. Permitan que no les diga cuánto les quiero.

Tiempo habrá tal vez de acometer nuevas empresas. Quién sabe. Pero esa será otra historia.


viernes 5 de junio de 2009

NO HA SIDO PARA NADA

"El hijo del hombre" (René Magritte)


Si hemos dormido largo tiempo
sobre un blando lecho de flores corrompidas,
si hemos dejado pasar la vida entre las manos
sin pensar, mordiendo tan sólo unos labios extasiados,
si hemos gastado nuestras horas
en escribir historias cenicientas,
no ha sido para nada.

Quién sabe en qué nostálgico salón,
en qué improbable conjunción de dimensiones
alguien te hallará, hermano mío,
y serás para él como el hambriento perfume del jazmín;
quién sabe en qué improbable sueño
te encontrarás conmigo, sombra de una sombra,
para decir acaso alguna frase innecesaria,
para creer por un instante que estás vivo.

Si hemos amado,
si hemos besado con asombro unos ojos,
si hemos olvidado incluso cómo se sobrevive,
cómo se escribe un nombre sin dolor,
si hemos aprendido a destruir los ídolos
sin rencor y sin furia,
no ha sido para nada.

miércoles 3 de junio de 2009

UNA MUJER Y UNA MIRADA


"Mujer sentada con la pierna izquierda levantada" (Egon Schiele)


Egon Schiele (1890-1918) vivió sólo 28 años. Pintor austríaco, discípulo de Gustav Klimt, su estilo se adentra en los atormentados paisajes interiores del expresionismo desde un erotismo compulsivo.

Escandaliza a los buenos habitantes del pueblecito bohemio de Krumau con su relación sentimental con Valerie Neuzil, una joven de 17 años, y con su afición a los desnudos políticamente incorrectos.

De vuelta a Viena, sienta la cabeza y se casa con Edith Harms. La devastadora epidemia de gripe que se desató en el otoño de 1918 acabó en tres días con Edith, embarazada de seis meses, y con Schiele.

De todas sus inquietantes y maravillosas obras, me quedo con esta "Mujer sentada con la pierna izquierda levantada". Y, de ella, con su mirada.

jueves 28 de mayo de 2009

NO ESTAMOS A SALVO

"Miranda-La tempestad" (John William Waterhouse)


Mientras la yedra repita siniestras razones
en su abrazo mortal,
mientras un rastro plomizo de tristeza
amanezca en tus ojos,
ninguna muchacha de rubias trenzas estará a salvo,
ningún amante en la línea azul de un mar,
ningún niño inclinado sobre una fila de hormigas
estará a salvo.

La yedra nos mata con besos ahogados
mientras nos ama
con tortuosas caricias volcánicas
que dejan regueros de acíbar en los labios.
Y soledad. Y tristeza.

lunes 25 de mayo de 2009

DEL DESEO

"Desnudo echado" (Amedeo Modigliani)


Para ti, como no podía ser de otro modo


Tomas mis manos como una niña anhelante
cuando la tarde se tiñe de morados crespones.
Como ella, huérfana de lunas, músicas, silencios,
buscas mi rastro en los balcones del deseo.

Rozas mis labios como niña sabia
que aguarda su dosis justa de versos y razones,
de mares azul índigo purísimo,
de panes y frutos que no son de este mundo.

Dibujas mi cuerpo como una niña adorada
en el claroscuro expectante de mi alcoba,
derramas vino, rosas, aceites
sobre altos muros lujuriosos.

Me besas sin piedad, me muerdes, me laceras,
crepúsculo de dulces agonías,
dejas marcas tatuadas en mi cuello
niña inocente o insomne vampiro.

Te entregas, mujer o niña, te deshaces,
flor de dulcísimos venenos,
entre mis labios de náufrago sediento,
a hierro, a sexo, a muerte.

Te duermes luego, mi niña,
exhausta y tierna en mis brazos,
mientras lunas antiguas de mercurio y plata
vigilan las flores quietas de tus senos.